QUÉ HACER PARA QUE LOS NIÑOS APRENDAN A “COMER BIEN”.

aprender a comer

Cuando le damos de comer a un niño, estamos dándole mucho más que el puré que está en el plato. Le transmitimos amor y cuidado, le enseñamos qué y cómo comer y qué puede conseguir de nosotros cuando come y cuando se niega a hacerlo.

 

Aspectos a tener en cuenta:

  • La comida es una necesidad básica y está muy cargada emocionalmente; por eso no hay que usarla ni como premio ni como castigo.
  • Estemos atentos a no enseñarle a calmar cualquier malestar con comida. Si llora o está aburrido, no intentemos solucionarlo con una galletita o una manzana.
  • La ingesta de nutrientes es tan importante como enseñarle a relacionarse saludablemente con los alimentos.
  • El momento de comer debe ser tranquilo y placentero, disfrutando de la comida y del encuentro.
  • Es prioritario que aprenda a comer por sí mismo; si es con la mano o con la cuchara no es tan importante ahora.
  • A partir de los dos años le hace bien compartir la mesa familiar. Papá, mamá y los adultos que compartan la mesa no solo serán buenos modelos para que el  niño aprenda a comer bien, sino que su compañía lo hará sentirse parte del grupo familiar. Para lograrlo habrá que ajustar las expectativas: no podrá quedarse en la mesa largo rato, seguramente ensucie y haga cosas molestas… Paciencia, irá aprendiendo poco a poco.
  • Los modales los aprenderá sobre todo al observarnos, pero el aprendizaje lleva su tiempo.

 

Para evitar situaciones penosas debemos tener presente lo siguiente:

  • No hacer un circo a su alrededor a la hora de comer. Es suficiente con acompañarlo, hablarle, conversar o contarle un cuento.
  • No acostumbrarlo a comer mirando la televisión.
  • No obligarlo a comer cuando no quiere. Es saludable que respetemos sus señales de saciedad.
  • No obligarlo a comer alimentos que le disgustan.
  • No darle solamente sus platos preferidos.
  • No enseñarle a comer apurado ni nervioso.
  • No usar la comida como calmante, ni como compañía, ni quitapenas.

 

 Cuando no quiere comer más, tenemos que aceptarlo. Unos bocados más, al precio de la presión y la atención excesiva, no valen la pena.

 Con sentido común, buen humor y creatividad podemos estimular a nuestro hijo a probar nuevas comidas. Sin presiones, estrés o amenazas.

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